The Girl from Ipanema

Brasil  no sólo está considerado uno de los cinco países que más turismo sexual recibe, si no, que también es uno de los  mayores  exportadores de  sexo, principalmente  de travestis hacia el viejo continente. Las asociaciones y ONGs que trabajan con el colectivo LGTB (lesbianas, gays, travestis y bisexuales) no tienen datos del número de travestis  que hay en el país, dado que  la mayoría viven al margen de la sociedad y no existe ningún tipo de registro al respecto. Pero algunas ONG,s europeas que trabajan por los derechos de las trabajadoras del sexo apuntan que, dentro del colectivo de las travestis que ejerce la prostitución en Europa, las brasileñas son el grupo más numeroso en relación al resto de nacionalidades.

La mayoría de las travestis  en Brasil se inician en la prostitución a una edad muy temprana, entre los 14 y 15 años, cuando todavía son niños. Salen de forma prematura del sistema escolar, y el rechazo familiar y social hace que entren en un complicado círculo de  marginalidad. Se acercan a las travestis adultas para saber qué tienen que hacer para cambiar su aspecto, y fascinadas por un “glamour” falso, toman a estas como  sus referentes y consejeras. Algunas de estas travestis son las conocidas “cafetiñas”, que  controlan gran parte del  negocio de la prostitución en Brasil. Principalmente son travestis veteranas que regentan una o varias viviendas donde alojan a las travestis que ejercen la prostitución en la calle, a las que cobran lo que se llama “una diaria”, una cantidad por día y habitación. Otras “cafetiñas “ no tienen una relación  directa con el control de la prostitución, pero sí que viven de alguna forma de de las chicas que se prostituyen en determinados barrios, donde ellas ofrecen techo y comida, incluso otros tipos de servicios que las trans pueden necesitar.