A diferencia de otros países de mayoría musulmana, Turquía no prohíbe la homosexualidad ni la transexualidad. Durante años, la ciudad de Estambul fue un lugar de acogida para personas de la comunidad LGTBI procedentes de países musulmanes donde sufrían persecución. Sin embargo, desde la llegada de Recep Tayyip Erdoğan al poder, las autoridades han reprimido de forma cada vez más severa las manifestaciones y actividades relacionadas con la diversidad sexual y de género.
Dentro de este colectivo, las personas transgénero son especialmente vulnerables y están más expuestas al rechazo familiar, la discriminación social y la violencia.
La gran mayoría de las mujeres trans vive de la prostitución, un ámbito en el que también se enfrentan a elevados niveles de violencia. Muchas denuncian agresiones brutales por parte de clientes que las humillan, golpean e incluso las atacan con armas blancas.
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