En las remotas y de difícil acceso zonas de la Sierra del Rosario, un grupo de personas conocido como los «acuáticos» vive al margen de la revolución cubana. La autoridad gubernamental no ha logrado integrarlos ni someter sus costumbres a las normas del Estado.
Este colectivo se caracteriza por su práctica de curar enfermedades exclusivamente con agua, razón por la cual reciben ese nombre. Rechazan acudir a centros médicos, no toman medicamentos y, en muchos casos, no asisten a la escuela. Los miembros más conservadores ni siquiera utilizan electricidad en sus viviendas. Además, carecen de documentos de identidad y no están inscritos en ningún registro oficial. En su forma de vida, mantienen una postura de total rechazo a la participación política, viviendo prácticamente al margen de la sociedad cubana.
Su resistencia ha llegado incluso a desafiar dos de los pilares de la revolución: la salud y la educación. Se niegan a escolarizar a sus hijos y a recibir atención médica, una actitud que en algunos casos les ha llevado a enfrentar la cárcel por incumplir con la obligatoriedad escolar.
Actualmente, quedan apenas doscientos acuáticos en Cuba, de los miles que llegaron a existir en la segunda mitad del siglo XX. Son los últimos practicantes de una creencia que, posiblemente, desaparecerá en pocos años. Estos individuos representan los últimos testigos de una Cuba desconocida y profunda, cuya historia está en riesgo de perderse para siempre.
La Isla
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