Art of Transformism

Desde el 2010 ya no se hacen redadas en las fiestas privadas y garitos donde actúan los transformistas. Ya no se les persigue y acosa.  Incluso algunos clubes estatales han visto el tirón que este tipo de espectáculos tienen en el ambiente nocturno habanero, por lo que están ofreciendo cada vez con mayor frecuencia espectáculos de transformistas. Sin embargo, al no pertenecer los transformistas a la UNEAC (Unión de Nacional de Escritores y Artistas de Cuba),  no son evaluados como artistas,  y no pueden ser contratados por el estado para actuar en teatros, casas de la cultura o participar en proyectos  artísticos estatales. Por lo que su ámbito de actuación se ve  reducido a fiestas privadas o clubes estatales, convertidos en camufladas discotecas, donde  generalmente tienen que ser ellos lo que lleven a su propio público. El transformista sólo gana  el dinero que el público quiera darle como propina  durante su actuación, en la gran mayoría de los casos. El club hace un negocio redondo.  No asume ningún gasto, porque no paga al transformista, pero se asegura  que el transformista le aportará un público que pagará una entrada y hará  un gasto en consumiciones. Esta práctica es ilegal pero los gestores estatales de estos club saben moverse en la fina línea que separa lo legal de lo ilegal.

El transformista tiene una verdadera vocación de artista y una gran pasión  por su profesión, a la que le dedica un enorme esfuerzo económico en adquirir todo el  atrezzo  necesario para el espectáculo. Hay que tener en cuenta  que la  situación económica de la mayoría de los cubanos es bastante precaria; que esos productos sólo se pueden comprar en pesos convertibles, cuando el gobierno  sólo paga en peso cubano, y añadirle a  todo esto,  la dificultad  que existe para poder conseguir en la isla, muchos de los objetos y productos necesarios para su trabajo.

Los transformistas se encuentran en un limbo jurídico que les impide salir del unos ambientes muy cerrados y endogámicos, impidiéndoles  crecer profesionalmente. Dentro del colectivo de transformistas de La Habana existe un  grupo de travestis que intentan salir de la prostitución y encontrar en el transformismo una nueva profesión y futuro. El gobierno debe regular la situación laboral y profesional de estas personas y facilitarles la incorporación a  la industria artística.

Art of Transformism se enmarca dentro del proyecto audiovisual Sex and Revolution in Cuba